No soy la típica persona que se enciende con un botón. No. No tengo un botón de encendido. A ver, tampoco me enciendo a golpes. Normalmente me activo con un simple “Prado”, pero también es verdad que reacciono a otros nombres como “Pra”, “Pe”, “Prodo”, “Studebaker”, “Bitch”, “Marciana”, “Mosca”, “Fish”, “Puercoespinete”, y “Niña”... no sé que pueden tener en común esos nombres…
Si se me llama cuando estaba durmiendo lo más probable es que el usuario reciba una estúpida contestación en un idioma todavía no descifrado, porque tengo muy malos despertares. Pero una vez despierta, la cosa no mejora ya que soy una persona un tanto introspectiva y ando más en mi mundo particular que en el exterior, estoy dispersa y no me entero de cuando me hablan, y cuando me entero finjo muy mal que me importa lo que me están diciendo asique no suelo caer bien a la gente.
Bueno, yo soy una persona muy vaga. Así que si se tiene interés en que me mueva hay que motivarme con algún tipo de líquido (véase café o cerveza) para hacer que mi maquinaria funcione correctamente y no me quede atascada a mitad de cualquier cosa que hubiere de hacer. Cuando se intenta que haga algo, porque puedo hacer de todo, no hay que hacer más que retarme. Con decirme “¿a que no eres capaz de tal?”, pues seguramente vaya yo y lo haga. Y eso, ¿por qué? No se sabe. Puede que sea porque me aburro constantemente y algo que me saque de la rutina es irresistible. O también porque me falla algún tornillo en el cerebro y tengo impulsos descontrolados de hacer locuras.
Prado en versión estándar es un ser callado. No habla así le peguen. Eso es debido a su creencia particular de que es mejor escuchar y aprender que decir guilipolleces, porque muy pocas personas son capaces se valorar y comprender lo que una auténtica conversación con Prado supondría. Para hacer que hable el mejor remedio es la cerveza o las altas horas de la noche en las que divaga y naufraga en océanos de sin sentido.
Es habitual ver a Prado mirar fijamente a algo o alguien sin decir nada. En tales ocasiones o está pensando cosas muy interesantes o no está pensando en nada de nada. Así que si se la ve así, lo mejor es mejor no molestarla pues probablemente no se entere de que le hablan.
Pero como Prado es una persona que cambia constantemente, todo esto no ha de tenerse demasiado en cuenta pues en breve estará obsoleto.
Para profundizar más trataremos de explicar algunos detalles con respecto al sujeto:
Siempre lleva gafas de sol puestas porque si no llora. Siempre lleva la ropa arrugada por que duerme con ella. No se suele peinar ni maquillar por lo que su aspecto es generalmente descuidado. Siempre le trae sin cuidado lo que piensen se su aspecto por lo que las criticas serán en vano. Suele darse golpes en la cabeza contra mesas cuando está cansada, aburrida o desquiciada. Se traba con facilidad, hay palabras que no puede pronunciar y tiene un defecto innato que le impide explicarse con claridad. Tiene una habilidad especial para cambiar de tema de conversación. Suele llevar el móvil colgando al cuello lo que le da un aspecto infantil, pero es que si no, lo pierde. Siempre está mascando chicle. A Prado le cae mal el 90% de las personas en general.
Datos de interés:
Suele comentarse que Prado tiene los ojos más bonitos del mundo. Todas las personas que han conocido a Prado en algún momento la han llamado “rara”.
No se aceptan devoluciones, y si quieres más información, te buscas la vida.
19/2/10
31/1/10
Frikis
La palabra friki está bastante desprestigiada y se usa a menudo como insulto. Es un término peyorativo que hace referencia al individuo de apariencia o comportamiento inusual que se muestra interesado u obsesionado por un tema específico. Estos suelen ser la ciencia ficción, la fantasía, el manga, el anime, los videojuegos, los comics y la informática. Estos temas se caracterizan por no estar bien vistos y aceptados por la sociedad, considerándose normalmente infantiles e inmaduros.
Pero los frikis también se caracterizan por quedarse en su casa pese a que fuera haga el día más maravilloso del mundo, por no tener pareja (y si la tienen es una friki), por no gustarles el deporte en general, por tener amigos frikis (en consecuencia pocos amigos), por ser propensos al sobrepeso y la miopía, por tener conversaciones apasionadas acerca de superhéroes o elfos y por coleccionar comics o muñecos en sus cajas.
Pocos saben que la vida de un friki es una triste historia:
Un friki nace. Crece como el resto de los niños. Un día llega a él un comic, una serie anime, un libro de El señor de los anillos o Harry Potter o un ordenador, y desarrolla por él un interés especial. Luego llega el primer día de colegio. Como lleva gafas y está gordito se sienta al final para que lo vean mucho. No sale al recreo porque prefiere leer su comic. A partir de ahí lo tiene todo en su contra. No es ni de los populares, ni de los listos ni los fuertes y gamberros de la clase, es el raro marginado. Es el último en ser elegido para los equipos en gimnasia y también para los grupos de trabajo. Cuando llega el verano se queda en casa para jugar al rol con más niños raros o para disfrazarse de Frodo o Luck Skywalker, y cuando debería salir a divertirse se queda con la pantalla del ordenador como única compañía. Por eso al final del verano sigue siendo blanco como las paredes y es el blanco perfecto para las burlas de sus compañeros de colegio. Entonces crece, estudia una carrera (normalmente relacionada con la informática), se independiza y como su madre ya no puede amenazarle con nada éste comienza a vestirse como quiere. Compra por internet camisetas como estas:
Pero lo cierto es que nuestro friki no está solo. Hay muchos más como él. Escondidos debajo de las piedras o tras sus capas de invisibilidad se ocultan entre el resto de los mortales. Los hay a patadas. Posiblemente alguno esté leyendo esto. Y es que para ser friki no tienes por qué haber hecho cola durante un día para asistir al estreno de El señor de los anillos, ni haber leído Harry Potter tres veces, ni haberte descargado el guión de La guerra de las galaxias, ni saber élfico o saber pasar de binario a decimal o tener un disfraz de Superman o la carrera de informática.
Friki es cualquiera que se obsesiona por algo. No tiene porqué llegar a hacer de eso su forma de vida, pero sí le llega a influir en cierta medida. Y eso es bueno.
Qué aburrido sería lo que nos rodea si a todos nos gustara lo mismo. Si todos nos vistiéramos igual o si no pudiéramos seguir entusiasmándonos como niños con un comic. Es friki el que sólo escucha un estilo de música. La que lleva el pelo siempre con coleta. El que sólo escucha la SER. El que pasa más tiempo en el McDonald que en su casa. La que solo bebe Coca-Cola light. El que le apasiona la historia como el que le apasionan los coches.
A todos nos gusta algo especialmente y por ello dejamos que nos influya. Somos un poco fanáticos y extravagantes. Ser frikis nos hace diferentes y especiales.
Sí, soy una friki orgullosa.
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Sobre mí
25/1/10
Sobredosis de café

Tengo mucho que estudiar
Porque estoy de exámenes
Y como no me concentro
Pues bebo café
Mucho café
Llevo ya casi diez en un día
Estoy histérica perdía
Doy vueltas por mi cuarto
No paro de ir al baño
Y me ha dado por bailar
Bailando me he tropezado
Me he caído
Y me he hecho daño
Después me ha llegado la inspiración
He pintado un cuadro
Me he ensuciado entera
Y me he bañado
He vuelto a visitar a la cafetera
Tengo que estudiar
Pero me ha dado por escribir
Un poema sin sentido
Sin rima ni nada por el estilo
Estoy histérica perdía
Creo que es un problema con la cafeína
Ya son las dos de la mañana
Y no me puedo dormir
Tampoco me concentro
Tengo ganas de reír
Que gracia me va ha hacer en unas horas
Esto del café va a ser la última vez
Por no poder no puedo ni acabar esto
Así que no me complico
Y aquí os dejo
20/1/10
Divagaciones de una pesimista
Retomando los cauces originales de los propósitos de este blog y mis ganas poco renovadas de seguir escribiendo sobre lo poco que se me pasa por la cabeza, voy a continuar criticando.
Pero esta vez a mí misma. Porque lo que más odio en este mundo es la hipocresía, y he acabado siendo una hipócrita.
Porque odio a la gente que escribe sobre sí misma como si fueran lo más importante del mundo, o como si todos los demás estuviéramos deseosos de saber sobre ellos. A esas personas no demasiado aceptadas socialmente que se sienten marginados y diferentes y que por eso les da por pensar y divagar y finalmente, y eso es lo peor, plasmarlo por escrito en internet.
Odio esos dolores de cabeza que la gente transmite, esos quebraderos que no nos importan lo más mínimo pero que aun así, acabamos leyendo para no sentirnos tan desdichados y poder reconfortarnos con la desgracia de los demás.
Y es que se ha puesto de moda, en esta vulgar e inculta sociedad, expresar esos sentimientos de inaceptación e inadaptación. Estúpidos y más estúpidos individuos que sospecho que se encontraran en esa feliz etapa de la vida que va desde los 15 hasta los 21 años, esa etapa en la que uno se conoce a sí mismo a base de desengaños y frustraciones, y que por consecuencia, andan previniendo al resto de personas sobre sus ralladuras mentales.
Pues ahora me toca a mí.
Creo que la suerte es de quien se la merece, que cada uno recoge lo que siembra. Pero la vida aun así es injusta. Y supongo que será porque no hacemos más que pagar lo que hicimos en otras vidas. Por eso ahora me pregunto que debí hacer en el pasado para tener tan mala o tan buena suerte. Porque soy desdichada hasta para saber si tengo buena o mala suerte.
Y hay que darse cuenta de lo vanidosos que somos. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de lo que te tenemos y no apreciamos. Lo damos por hecho. Como si fuera así por ley, pero no lo es. Y muchos tenemos más de lo que merecemos.
Pero cuando nos lo dan todo hecho y nos sobra el tiempo y las ganas ocurre que pensamos. Mientras unos mueren de hambre otros mueren de codicia, mientras unos mueren de enfermedades físicas otros mueren de enfermedades mentales surgidas de tanto pensar.
Y mientras que se supone que hemos nacido con suerte estaba claro que no la merecemos, por eso ahora nos toca odiarnos a nosotros mismos, no gustarnos, querer cambiarnos. Tener una vida superficial y vanidosa sin apreciarla. Sin vivirla.
Pensamos que la vida nos debe algo, que algún día nos llegará nuestro momento. La gente cree haber nacido con un talento, convencidos de que han nacido para cumplir una misión. Creemos que somos especiales y que algún día la humanidad nos lo reconocerá.
Sin embargo, según vamos creciendo cometemos el error de conocernos. Nos damos cuenta de solo estamos aquí para tomar parte de ese proceso de producción en cadena que acaba en nuestra muerte. Y es que no somos nada.
Pero esta vez a mí misma. Porque lo que más odio en este mundo es la hipocresía, y he acabado siendo una hipócrita.
Porque odio a la gente que escribe sobre sí misma como si fueran lo más importante del mundo, o como si todos los demás estuviéramos deseosos de saber sobre ellos. A esas personas no demasiado aceptadas socialmente que se sienten marginados y diferentes y que por eso les da por pensar y divagar y finalmente, y eso es lo peor, plasmarlo por escrito en internet.
Odio esos dolores de cabeza que la gente transmite, esos quebraderos que no nos importan lo más mínimo pero que aun así, acabamos leyendo para no sentirnos tan desdichados y poder reconfortarnos con la desgracia de los demás.
Y es que se ha puesto de moda, en esta vulgar e inculta sociedad, expresar esos sentimientos de inaceptación e inadaptación. Estúpidos y más estúpidos individuos que sospecho que se encontraran en esa feliz etapa de la vida que va desde los 15 hasta los 21 años, esa etapa en la que uno se conoce a sí mismo a base de desengaños y frustraciones, y que por consecuencia, andan previniendo al resto de personas sobre sus ralladuras mentales.
Pues ahora me toca a mí.
Creo que la suerte es de quien se la merece, que cada uno recoge lo que siembra. Pero la vida aun así es injusta. Y supongo que será porque no hacemos más que pagar lo que hicimos en otras vidas. Por eso ahora me pregunto que debí hacer en el pasado para tener tan mala o tan buena suerte. Porque soy desdichada hasta para saber si tengo buena o mala suerte.
Y hay que darse cuenta de lo vanidosos que somos. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de lo que te tenemos y no apreciamos. Lo damos por hecho. Como si fuera así por ley, pero no lo es. Y muchos tenemos más de lo que merecemos.
Pero cuando nos lo dan todo hecho y nos sobra el tiempo y las ganas ocurre que pensamos. Mientras unos mueren de hambre otros mueren de codicia, mientras unos mueren de enfermedades físicas otros mueren de enfermedades mentales surgidas de tanto pensar.
Y mientras que se supone que hemos nacido con suerte estaba claro que no la merecemos, por eso ahora nos toca odiarnos a nosotros mismos, no gustarnos, querer cambiarnos. Tener una vida superficial y vanidosa sin apreciarla. Sin vivirla.
Pensamos que la vida nos debe algo, que algún día nos llegará nuestro momento. La gente cree haber nacido con un talento, convencidos de que han nacido para cumplir una misión. Creemos que somos especiales y que algún día la humanidad nos lo reconocerá.
Sin embargo, según vamos creciendo cometemos el error de conocernos. Nos damos cuenta de solo estamos aquí para tomar parte de ese proceso de producción en cadena que acaba en nuestra muerte. Y es que no somos nada.
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Flujo de conciencia
8/1/10
Poesía en prosa. Lolita
“Pueden confiar en que la prosa de los asesinos sea siempre elegante.” Vladimir Navokov. Lolita. No creo que haya otra frase en el libro que lo describa mejor.
Poco se puede decir ya de una novela tan universal, magnífica y compleja como esta, y aunque mi opinión valga muy poco, es una obra que se merece unas palabras más.
Me ha parecido un libro memorable. Y no por la historia que en él se narra, si no por cómo se narra. Escrito en un formato desconocido para mí (confesión autobiográfica) y un género que nada aprecio, (literatura erótica), Lolita es una obra conmovedora tanto por su crueldad como por la forma exquisita con que se narra. Cierto sin embargo sí que es, que hay partes en que la lectura del texto se hace ardua y lenta, mas la mayor parte del libro tiene una prosa que rebosa belleza en cada palabra, coma, punto, acento, espacio y letra.
La novela es un fluir de sentimientos y emociones sin la más mínima limitación, la liberación de la máxima expresión para demostrar la más pura pasión y devoción por una persona y al mismo tiempo, la represión y el desengaño que siente cuando se tiene que negar lo que más anhela pues en el fondo sabe que lo que hace está mal. Pero aun así le resulta imposible reprimir su impulsivo deseo. Por eso mismo, el protagonista que nos narra su historia es un personaje que inspira odio, desprecio y repulsión. Es un pederasta que destroza la vida de una niña de 12 años por que no es capaz de apagar sus deseos. Una persona ruin y egoísta. Pero tan insólita es su pasión por Lolita, que ésta, a mi parecer, ha de verse afortunada en su desgracia, porque ninguna mujer ha sido descrita y evocada, amada y deseada, como ella. Y por eso el protagonista llega a conmover al lector, que se compadece de su triste final por un amor no correspondido ilegal a los ojos de los demás.
“Me gustaría describir su cara, todo su ser… y no puedo, porque mi propio deseo por ella me ciega cuando está cerca.”
Alejándome ahora del aspecto prosaico y centrándome en la historia, ésta me ha parecido sabrosamente insípida. Difícil de describir el sabor que me ha dejado porque si bien Navokov es un gran escritor, ha sabido dejar muchas puertas abiertas. Relata la lucha interna del protagonista, su deseo por Lolita y también su conocimiento sobre la ilegalidad de sus actos, y aun así ni condena su acción ni se compadece de su sufrimiento. Refiriéndose el narrador del libro a sus lectores como “señoras y señores del jurado” nos deja en medio de su lucha interna teniendo que decidir y debatir sobre muchos tabúes de la sociedad en la que vivimos. Nos corresponde condenar o comprender a Humbert Humbert.
Para mí una novela sublime con, además, (siempre bajo el estilo del traductor), uno de los principios más elegantes que he leído y leeré y con el que concluiré mi opinión:
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.
Poco se puede decir ya de una novela tan universal, magnífica y compleja como esta, y aunque mi opinión valga muy poco, es una obra que se merece unas palabras más.
Me ha parecido un libro memorable. Y no por la historia que en él se narra, si no por cómo se narra. Escrito en un formato desconocido para mí (confesión autobiográfica) y un género que nada aprecio, (literatura erótica), Lolita es una obra conmovedora tanto por su crueldad como por la forma exquisita con que se narra. Cierto sin embargo sí que es, que hay partes en que la lectura del texto se hace ardua y lenta, mas la mayor parte del libro tiene una prosa que rebosa belleza en cada palabra, coma, punto, acento, espacio y letra.
La novela es un fluir de sentimientos y emociones sin la más mínima limitación, la liberación de la máxima expresión para demostrar la más pura pasión y devoción por una persona y al mismo tiempo, la represión y el desengaño que siente cuando se tiene que negar lo que más anhela pues en el fondo sabe que lo que hace está mal. Pero aun así le resulta imposible reprimir su impulsivo deseo. Por eso mismo, el protagonista que nos narra su historia es un personaje que inspira odio, desprecio y repulsión. Es un pederasta que destroza la vida de una niña de 12 años por que no es capaz de apagar sus deseos. Una persona ruin y egoísta. Pero tan insólita es su pasión por Lolita, que ésta, a mi parecer, ha de verse afortunada en su desgracia, porque ninguna mujer ha sido descrita y evocada, amada y deseada, como ella. Y por eso el protagonista llega a conmover al lector, que se compadece de su triste final por un amor no correspondido ilegal a los ojos de los demás.
“Me gustaría describir su cara, todo su ser… y no puedo, porque mi propio deseo por ella me ciega cuando está cerca.”
Alejándome ahora del aspecto prosaico y centrándome en la historia, ésta me ha parecido sabrosamente insípida. Difícil de describir el sabor que me ha dejado porque si bien Navokov es un gran escritor, ha sabido dejar muchas puertas abiertas. Relata la lucha interna del protagonista, su deseo por Lolita y también su conocimiento sobre la ilegalidad de sus actos, y aun así ni condena su acción ni se compadece de su sufrimiento. Refiriéndose el narrador del libro a sus lectores como “señoras y señores del jurado” nos deja en medio de su lucha interna teniendo que decidir y debatir sobre muchos tabúes de la sociedad en la que vivimos. Nos corresponde condenar o comprender a Humbert Humbert.
Para mí una novela sublime con, además, (siempre bajo el estilo del traductor), uno de los principios más elegantes que he leído y leeré y con el que concluiré mi opinión:
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita.
28/12/09
Despropósitos de año nuevo
Como todos los años, una gran cantidad felices ilusos creen que el comienzo de un año supone el mejor momento para empezar una vida nueva. Que se presenta ante ellos una oportunidad para cambiar de vida.
Al margen de los inexistentes motivos por los cuales esas personas piensan que el comienzo de un año es el mejor momento para cambiar, y no cualquier otro de los 365 días del año restante, dichos especímenes, cargados de un estúpido atisbo de esperanza y lucidez, creen que son capaces de sacar a delante una cantidad seguramente no inferior a cinco propósitos.
Los típicos tópicos que forman esta costumbre anual (véase: dejar de fumar, no beber tanto, hacer deporte, comer más fruta y verdura, levantarse temprano, ver menos la tele, leer más, estudiar más, pasar más tiempo con la familia, ser menos borde y más alegre, etc.) se consagran formando parte de una gran lista que ocupa un lugar privilegiado en el cuarto o el despacho de susodicho elaborador, en el centro de todas sus miradas, o en su defecto, formando parte de un minúsculo y arrugado trozo de papel cuyo autor cuidará de llevar siempre encima para poder ojearla cuando desee.
Entonces llega el día 1 de Enero, ese que habían señalado en el calendario como el día en que nacería una persona con buenas costumbres, una persona que se levantaría temprano, desayunaría fruta, buscaría un libro interesante que leer y se iría a pasar la mañana con sus abuelos. Pero lo que nuestro feliz iluso no tuvo en cuenta es que ese mismo día estuvo celebrando Noche Vieja hasta las 6 de la mañana, aprovechando que el año de las malas costumbres terminaba acabándolo lo peor posible. Así pues, con un sueño insoportable nuestro ejemplar ejemplo apaga el despertador. La resaca nacida de pasar de las uvas y el champan a las cervezas y cubatas, hace retumbar en su cabeza la idea de levantarse, pero aun así, haciendo gala de una voluntad inesperada, se levanta con el objetivo en mente de desayunar. Sabiéndose despreocupado se percata de que no acostumbra a tener fruta en su casa y no tuvo en cuenta además, comprar para ese señalado día. Por tanto, y como un propósito tendrá que aguardar hasta mañana, ¿porqué no pueden ser dos?, porque a nuestro amigo le apetece mucho muchísimo un cigarro. Entonces se dirige a una olvidada y polvorienta estantería donde algunos libros y sobre todo revistas y más revistas de los más mundanos contenidos, se almacenan en un clamoroso ejemplo de entropía. El sueño, el cansancio, la resaca, y el haberse olvidado de ponerse las gafas le impiden leer los títulos de los volúmenes, lo que hace que dicha tarea quede postergada a un momento de mayor lucidez. El siguiente paso consistía en ver a los abuelos por lo que trata de arreglarse un poco. En el espejo observa la mirada de una persona desecha, ojerosa, desaliñada y pálida, pero creyéndose capaz de contemplar aún más decadencia humana comienza la infructuosa búsqueda de las llaves del coche que esa misma noche había arrojado en plena oscuridad. Así pues otro propósito más que se va al garete el primer día del año.
Los siguientes días, más lúcidos, si es posible observar en nuestro sujeto una auténtica voluntad y deseos de alcanzar sus objetivos y metas, pero conforme van pasando los meses se va olvidando de estos ya que en su camino se cruza la pereza. Y de ahí viene la angustia de saberse un pusilánime incapaz de cumplir con sus metas, luego la depresión, y ya cuando se empieza a sentir totalmente incapaz, se da cuenta de que es noviembre, y comienza otra vez a pensar en los propósitos de año nuevo.
Y como todos los años, esos estúpidos ilusos no se dan cuenta que si quieres cambiar, en efecto, no tienes más que proponértelo. Pero si te propones muchas cosas a la vez lo más probable es que no puedas con ellas. Para tener éxito es más productivo proponerse sólo una, y después otra, y así.
Al margen de los inexistentes motivos por los cuales esas personas piensan que el comienzo de un año es el mejor momento para cambiar, y no cualquier otro de los 365 días del año restante, dichos especímenes, cargados de un estúpido atisbo de esperanza y lucidez, creen que son capaces de sacar a delante una cantidad seguramente no inferior a cinco propósitos.
Los típicos tópicos que forman esta costumbre anual (véase: dejar de fumar, no beber tanto, hacer deporte, comer más fruta y verdura, levantarse temprano, ver menos la tele, leer más, estudiar más, pasar más tiempo con la familia, ser menos borde y más alegre, etc.) se consagran formando parte de una gran lista que ocupa un lugar privilegiado en el cuarto o el despacho de susodicho elaborador, en el centro de todas sus miradas, o en su defecto, formando parte de un minúsculo y arrugado trozo de papel cuyo autor cuidará de llevar siempre encima para poder ojearla cuando desee.
Entonces llega el día 1 de Enero, ese que habían señalado en el calendario como el día en que nacería una persona con buenas costumbres, una persona que se levantaría temprano, desayunaría fruta, buscaría un libro interesante que leer y se iría a pasar la mañana con sus abuelos. Pero lo que nuestro feliz iluso no tuvo en cuenta es que ese mismo día estuvo celebrando Noche Vieja hasta las 6 de la mañana, aprovechando que el año de las malas costumbres terminaba acabándolo lo peor posible. Así pues, con un sueño insoportable nuestro ejemplar ejemplo apaga el despertador. La resaca nacida de pasar de las uvas y el champan a las cervezas y cubatas, hace retumbar en su cabeza la idea de levantarse, pero aun así, haciendo gala de una voluntad inesperada, se levanta con el objetivo en mente de desayunar. Sabiéndose despreocupado se percata de que no acostumbra a tener fruta en su casa y no tuvo en cuenta además, comprar para ese señalado día. Por tanto, y como un propósito tendrá que aguardar hasta mañana, ¿porqué no pueden ser dos?, porque a nuestro amigo le apetece mucho muchísimo un cigarro. Entonces se dirige a una olvidada y polvorienta estantería donde algunos libros y sobre todo revistas y más revistas de los más mundanos contenidos, se almacenan en un clamoroso ejemplo de entropía. El sueño, el cansancio, la resaca, y el haberse olvidado de ponerse las gafas le impiden leer los títulos de los volúmenes, lo que hace que dicha tarea quede postergada a un momento de mayor lucidez. El siguiente paso consistía en ver a los abuelos por lo que trata de arreglarse un poco. En el espejo observa la mirada de una persona desecha, ojerosa, desaliñada y pálida, pero creyéndose capaz de contemplar aún más decadencia humana comienza la infructuosa búsqueda de las llaves del coche que esa misma noche había arrojado en plena oscuridad. Así pues otro propósito más que se va al garete el primer día del año.
Los siguientes días, más lúcidos, si es posible observar en nuestro sujeto una auténtica voluntad y deseos de alcanzar sus objetivos y metas, pero conforme van pasando los meses se va olvidando de estos ya que en su camino se cruza la pereza. Y de ahí viene la angustia de saberse un pusilánime incapaz de cumplir con sus metas, luego la depresión, y ya cuando se empieza a sentir totalmente incapaz, se da cuenta de que es noviembre, y comienza otra vez a pensar en los propósitos de año nuevo.
Y como todos los años, esos estúpidos ilusos no se dan cuenta que si quieres cambiar, en efecto, no tienes más que proponértelo. Pero si te propones muchas cosas a la vez lo más probable es que no puedas con ellas. Para tener éxito es más productivo proponerse sólo una, y después otra, y así.
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Mi opinión
27/12/09
Sin comentarios.. ¿verdad?
Bueno, ya que tengo blog voy a aprovecharlo para hacer públicas algunas de mis grandes obras de arte.
Si no pongo más es porque sólo llevo pintando 5 meses, aunque ya se ha convertido en una de mis granes pasiones.
Espero que os quedeis asombrados. Eso sí, al natural son más bonitos.
Sí , lo sé. Soy poco original poniendo nombres...
Si no pongo más es porque sólo llevo pintando 5 meses, aunque ya se ha convertido en una de mis granes pasiones.
Espero que os quedeis asombrados. Eso sí, al natural son más bonitos.
Los dichosos tulipanes
La guitarra azul
Prado verde con árboles
Bodegón
(Este cuadro es más grande que yo. Y además lo he vendido)
Sí , lo sé. Soy poco original poniendo nombres...
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19/12/09
Prohibido
Bien es sabido, pero realmente es poco conocido, que prohibir algo es despertar el deseo.
Aquellas cosas que se nos prohíben se vuelven tentadoras. ¿Porqué? Hay quien afirma que disminuye el deseo sobre todas las cosas cuando resulta demasiado fácil conseguirlas. Esto es porque el deseo muere automáticamente cuando se logra lo que se desea. Lo que nos atraía de ese algo es que era utópico, imposible, un reto, un estímulo.
Pero lo que hace que nos resulte tentador es que cuando algo se nos prohíbe nace en nosotros la creencia de que se hace para privarnos de algo. Las personas son seres curiosos por naturaleza, (la curiosidad es muy importante para el desarrollo cognitivo) y por ello han de conocer las razones por las que algo se veda.
Y las razones que nos llevan a hacer algo que sabemos que no debemos hacer, pueden ser debidas al deseo de destacar, de ser el centro de atención al ser rebelde e ir en contra de lo establecido. También resulta un estímulo hacer cosas prohibidas porque las que no lo están son las que hacemos constantemente, y a veces, salir de la rutina reconforta.
La ciencia por lo visto no se ha dedicado a investigar excesivamente sobre este asunto, porque claro, me dijeron que no fumara, y acabé fumando; me dijeron que no bebiera, y más de lo mismo; me atraía el novio de una amiga, y la acabé jodiendo; etc.
La moraleja de esto, si es que la tiene, es que se debería permitir todo, y se deberían eliminar los tabúes, sin que nada estuviera mal visto; entonces no existiría la tentación de probar cosas por el mero hecho de que están a nuestro alcance, actuaríamos con plena libertad y las únicas limitaciones que nos impondríamos nacerían de nuestra propia lógica y razón, lo cual nos haría más inteligentes.
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Mi opinión
14/12/09
Esta Navidad...

...que paren el mundo que yo me bajo.
La Navidad es la supuesta época del año en la que se celebra el nacimiento de una persona que murió luchando por el amor, la austeridad, la humildad, el comunitarismo utópico y en contra de todo lujo innecesario. Paradójicamente, ésta también es la época en la que reina el consumismo desmedido, la avaricia, el interés y donde se mide el valor del amor con dinero y objetos.
Sí, lo reconozco. ¡Odio la Navidad! ¿Qué pasa?
Pero no le tengo manía por esa empachante costumbre de organizar cenas por aquí y comidas por allá, haciendo gala de una opulencia desmedida, sino por la hipocresía que reina en el ambiente. En estas fechas lo que se celebra realmente es el Capitalismo, aunque la industria publicitaria consigue camuflarlo de cristiano, entrañable e inofensivo.
Y puede que me haya adelantado un poco y haya escrito esto antes de las verdaderas fechas de Navidad. Será porque he sucumbido al chantaje publicitario navideño, a ese bombardeo de anuncios de juguetes y perfumes, de jamones y langostinos, de bombones, cavas y loterías, y siento la necesidad de expresar la emoción que embarga a mis sentidos. Esa emoción capaz de crear en todas las personas un sentimiento colectivo. Y está claro que donde todos piensan lo mismo, es que nadie piensa mucho.
Pero ahí estoy yo para devolver a su color original al gordo de Santa Claus, poniendo verde a estas estúpidas fiestas religiosas que nuestro gobierno laico se empeña en celebrar.
También es curioso ver como en estas fechas aparece el sentimiento solidario. Innumerables campañas de recogidas de alimentos y juguetes, donaciones, galas benéficas, etc, etc. Se recoge de todo con el objetivo de enviárselo a los niños de países subdesarrollados, esos niños que no saben qué puñetas es la Navidad (ni falta que les hace), y que se extrañarán de que personas de otros lugares se acuerden de ellos tan solo una vez al año.
Precisamente en la época en la que deberíamos concienciarnos de las desigualdades que hay en el mundo, del hambre que pasan personas mientras nosotros tenemos suculentas cenas, aparece el gordo de rojo, que cómo no, forma parte de una campaña publicitaria, capta nuestra atención, nos aleja de la cruel realidad y nos hace comprar regalos y mas regalos siendo esclavos mentales de un monstruo capitalista y consumista.
Parece que me encanta meterme con las tradiciones religiosas. Pero no. Vivimos en una sociedad y en una época en la que cada fiesta tiene un trasfondo de intereses económicos. Así como la Navidad es la que más beneficios aporta a todos los sectores y es la más extendida, es del mismo estilo que el día de San Valentín, el de la Madre o el del Padre. Al menos esas celebraciones suponen el envío de tarjetas de felicitación y ramos de rosas, no como estas fiestas que además fomentan la pesca masiva de marisco en España, y la masacre de pavos en EE.UU., para ser comidos en la cena de Nochebuena.
Creo que lo único bueno que tiene estas fechas es que hace frío.
Por cierto, hace años leí una carta a Papa Noel que me hizo tanta gracia que acabé por aprendérmela de memoria. La recomiendo.
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3/12/09
Autocensura

No penséis queridos lectores que yo soy una persona refinada a la que le gusta hablar (escribir, expresarse) de una forma elaborada, con un cuidado por el léxico, la gramática y el estilo muy preciso. No. Bueno sí, un poco. Me gusta escribir bien en la medida de mis capacidades, y además, pretendo hacerlo, porque algún día me gustaría ganarme la vida con lo que escribo.
Pero no por ello debéis pensar que hay veces, y en especial al tratar algunos temas de los que escribo en este sitio, en las que no me dan ganas de usar expresiones poco apropiadas, como las que me estoy conteniendo de ejemplificar ahora mismo porque no quiero mostrar una imagen de grosería y vulgaridad. Pero hay veces en las que esas palabras se pasean de mi mente a mis dedos desando salir. Y yo no las dejo. Y esa es la censura más dura a la que puede someterse una persona, a la suya propia. Y es algo que muy poca gente valora y respeta.
Pero la censura que me auto impongo tampoco es tan grave. Al menos si la comparamos con la de otras personas. Aquellas que se niegan a sí mismas lo que son, por miedo a lo que sea.
Y aunque yo respeto y valoro la censura que se auto imponga la gente (la única que respeto), considero que una persona que se niega lo que es, que tiene miedo de decir lo que es, o que no está conforme con lo que es, es una persona sin personalidad.
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Flujo de conciencia
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