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3/5/11

El mejor final

Tus pies me llevan a donde vayas, tus muslos son dos lugares de peregrinación. Tu ombligo es el profundo pozo de mi olvido y tu piel el paraíso de mis manos. Tus pechos son el fuego por duplicado, tus manos mi perdición. Tus pecas, mi pasatiempo favorito, tu mente, mi crucigrama sin terminar. Tus orejas todavía andan buscando donde esconderse. Creo que tus labios sólo son fruto de mi imaginación,  pero tu lengua acelera el ritmo de mi corazón. Tu cuello es el camino de la libertad, tus ojos el mejor espejo para ver el mundo. Tu cama es la cárcel de mis sueños. Y tu sonrisa siempre el mejor final.

28/12/10

Personificar

Desde hace no mucho tiempo le pongo nombre a todo. A todo. Pensé que, ¿porqué mi guitarra, mi ordenador o mis muñecos eran los únicos con derecho a tener nombre? No son más humanos que mi lámpara, o mi espejo. No los aprecio más que mi silla o mi almohada. ¿Qué sería de mí sin ellas? Tampoco es que los adore y quiera personificarlos. No estoy loca. Pero eso no quiere decir que no los aprecie. Sé ver su valor. No su valor económico, si no el valor que deriva de su uso. Sin mis gafas no vería. Sin mi reloj las pasaría putas para saber la hora porque nunca sé donde dejo a Jack, mi móvil.

No les pongo nombres para no sentirme sola. Porque para empezar no lo estoy. Pero ponerles nombre es como darles más importancia. Y no lloro y echo de menos cuando se me acaba algo. Calimero, por ejemplo, mi pasta de dientes murió, por decirlo “humanamente”. Y sus descendientes también. Actualmente me acompaña Calimero Tercero. Ni Eusebio, mi cepillo de dientes, ni yo, echamos de menos a los otros. Pero valoramos a este.

He dicho que no estoy loca. Pero la verdad, lo parezco. Porque cuando estoy en el salón con mis padres y les digo, “me voy a la Luna” se quedan extrañados y ciertamente preocupados hasta que caen en la cuenta de que llamo Luna a mi habitación. Supongo que cuando caen en la cuenta siguen quedándose extrañados y ciertamente preocupados.

Humanizar muchas veces significa deshumanizar. Lo nuestro es más nuestro cuando le ponemos nombre. Por ejemplo, pensemos en Gato. El gato de Holly Golightly. Ella no quería ponerle otro nombre más que lo que es. Y eso creo que está bien para que la cosa en sí no pierda su identidad. Algunas cosas por tanto las llamo lo que son. Pero como si ese fuera su nombre. Mi marioneta se llama Marioneta. Porque es una palabra muy bonita. Mi lámpara se llama Pimientos. Porque la verdad es que lo parece. Mi cama Gramola. No es un nombre como tal, pero no es lo que es, así que lo considero un nombre. Mi guitarra es Ginebra. Mi ordenador es Colette. Bueno, todo tiene nombre.

A veces se me olvidan. Pienso que además de una tontería como una casa esto de ponerle nombre a todo es bueno para la memoria. Porque la estimula y tal. También me sirve para sentirme un poco idiota cuando me quedo pensando y me desespero porque no me acuerdo del nombre de una libreta. Como si no tuviera cosas más importantes en las que perder el tiempo.

En fin, cada uno es como es.

12/11/10

Vamos a contar mentiras


Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento. Anatole France

“Increíble, pero falso” es una comedia romántica con un toque especial, una película de ficción real como la vida misma. El film describe la verdad, tan cruel como sólo ella puede ser, de un mundo sin mentiras.

La película: Se desarrolla en una realidad alternativa, en la nadie puede mentir, en la que nadie sabe qué es mentir. Por eso empieza de cine: el mundo de la sinceridad es tan cruel como divertido. Sólo hay que ver la escena de la primera cita de los protagonistas, (es para no parar de reírse), o la del anuncio de coca-cola, (otra que tal). En un mundo donde no se puede mentir nos reímos de lo cruel que puede llegar a ser la vida. Y eso se muestra en la película. Sin embargo si es cierto que cuando llega el listo que inventa la mentira, las cosas se vuelven más aburridas. Es interesante ver cómo alguien puede manejar al resto de la humanidad a su antojo, cambiar el pasado, cambiar las creencias, sembrar el terror, hacer lo que quiera con la gente, porque al fin y al cabo, él único que puede decir lo que no piensa es como un Dios. Pero a la mentira ya estamos demasiado acostumbrados y por eso, al menos en mi opinión, es resto del film, no es tan “bueno”.

La idea: Es muy buena y profunda. Por un lado todos sabemos que mentir no está bien, que a nadie le gusta que le mientan, etc. Pero la capacidad de engañar, inventar, y mentir es innata a las personas, y este mundo no se sostendría si nadie fuera capaz de mentir. ¿La publicidad existiría? ¿Algún político llegaría a Presidente? ¿Habría alguna religión? Y así muchas más preguntas, algunas tan crueles, que no quiero escribir. Porque todos tenemos una opinión que nos podemos abstener de contar. Así, si alguien te cae mal, puedes evitar decírselo, porque en el fondo eres buena persona y no quieres hacerle daño, (aunque te caiga mal). Así pues, la mentira, eso que está tan mal visto, puede ser buena y mucho. Las mentiras sostienen creencias religiosas, de tal forma que crean en la psique de los fieles un atisbo de esperanza que les ayuda a sobrellevar su miedo a la muerte. Las mentiras ocultan, maquillan o disimulan las verdades, haciéndonos a todos más buenos e interesantes. En un mundo sin mentiras no existirían los abogados, los investigadores, la ficción, los videntes, los actores, los políticos, etc. Sería un mundo cruel y aburrido.

14/10/10

Todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar

Sólo me queda una galleta en la caja, y alguien se la come poco a poco. Pero decir “ya basta” y cambiar las cosas sí es un síntoma de cobardía. Hay que dejar las cosas pasar en este galimatías que es la vida, lleno de metáforas e ironías. Que todo llega cuando tiene que llegar para quien sabe esperar.
La impaciencia es un problema. Para mí, para ti, para ella, para él, y para la otra. Y para alguien más, seguro. Un problema que nos lleva a actuar de forma impulsiva, sin pensar. Bueno, pensando sí. Pero sin pararnos a pensar en que estamos pensando. Porque cuando se piensa sobre pensar es cuando las cosas se planifican. Y aunque lo planificado es lo aburrido, también es lo seguro. Y si no sabes lo que quieres es que no hay nada seguro. Y aquí casi nadie sabe lo que quiere. Ni yo, ni tú, ni ella. Ni alguien más, seguro.

Siempre pensé que compartir era algo bonito, algo altruista. Cuando era pequeña y tenía dos caramelos uno se lo daba a mi mejor amigo. Pero cuando veía a otra chica mirar mi caramelo con congoja el sólo pensar que yo ya me había comido uno, me hacía inconscientemente dárselo. Cuando tenía algo de dinero, que era pocas veces, me alegraba de poder invitar a la gente a algo. Cuando alguien constipado moqueaba a mansalva y me pedía un pañuelo, y yo le daba todo el paquete e insistía en que se lo quedara, las “gracias” compensaban las pérdidas con creces y me hacían ganar mucho más que lo que ya no tenía.

Y es que compartir es algo maravilloso. Hasta que creces y te das cuenta de que compartir apesta. Cuando sabes que hay algo que te pertenece porque aunque esté en otra persona forma parte de ti, y alguien se lo come, ….. No sabes ni qué sentir. Alguien se está comiendo mi galleta. Y no soy yo. Y es mía. Porque hay algo de mí en ella. Y compartir apesta y la confianza da asco. ¿Y qué confianza ni qué leches? Aquí nos conocemos, nos queremos y nos comprendemos todos. Y nadie es capaz de decirle a otro lo que siente o lo que quiere.

Ya he dado muchos pasos en este camino bacheado. Me toca pararme a esperar, porque todo, al fin y al cabo, aún está por llegar.

Y esto es, sin duda, un final.

15/9/10

El Cuarto Poder

Quien maneja la información, controla la situación

Desde siempre, la información ha sido un instrumento de poder. Un elemento de manipulación capaz de atraer la atención e influir en la opinión. Tras el poder ejecutivo, legislativo y judicial está el Cuarto Poder, que tiene como objetico trasladar la información de unos cuantos privilegiados a toda la sociedad.

La de periodista es por eso, una de las profesiones más respetadas. Ya sea para prensa, radio, televisión o medios digitales, el trabajo de un periodista consiste en investigar y transmitir temas de interés público. Para ello deben utilizar fuentes fiables y verificables para respetar siempre la verdad y redactar la información de manera breve, relevante y precisa en el menor tiempo posible cubriendo así las necesidades de la sociedad.

Sin embargo pocas veces está realmente bien valorado el trabajo que ejercen los periodistas. Lo suyo es un aprendizaje constante, un trabajo de producción durísimo para trasmitir cualquier información de una forma imparcial, un trabajo en ocasiones arriesgado por querer comunicar en el lugar de lo ocurrido. Jornadas sin descanso, investigación ardua. Quizá todo eso para veinte segundos en televisión, o una noticia de 300 palabras en el periódico. Que quizá nadie lea. Pero por informar que no quede. En un cuarto plano ofrecemos un servicio muy valioso. Un servicio al que estamos tan acostumbrados que no nos asombra. Hace años eso era impensable. En muchos países sigue siendo impensable.

Las aptitudes que deben tener los periodistas son iniciativa y entusiasmo en primer lugar. Requisitos fundamentales pues es necesario tener claro a dónde se quiere llegar y por supuesto, tener la motivación para hacerlo. Hay que ser astuto y hábil, inteligente y analítico. Con un buen conocimiento del lenguaje, para comunicar de una forma clara y concisa, pero en ocasiones para transmitir también emociones, descripciones y acciones recreando la realidad de la manera más vívida posible.

Es vital tener una actitud crítica y una visión no soñadora de la profesión. Esto es así porque no se puede pretender ser el gran periodista que descubre todas las tramas, que consigue todas las declaraciones, y que viaja y vive todo lo importante; del mismo modo que no hay que ser crédulos y vagos, copiando y callando en ruedas de prensa, evitar ser cínicos para no convertirse en un personaje de entretenimiento. No hay que venderse a la demanda del espectáculo.

Periodista es una profesión de riesgo en algunos países

Los periodistas de guerra que se juegan la vida entre bombas y balas, no sólo sufren la guerra como espectadores, ya que en innumerables ocasiones aparece en ellos el conflicto entre si permanecer distante o involucrarse y ayudar. Estos conflictos les producen profundas depresiones y trastornos que pueden acabar con el suicidio. También es una profesión de riesgo en aquellos lugares en los que la investigación puede sacar a la luz verdades incómodas para los grupos de poder. En esos casos, la vida de los periodistas, como ya ha ocurrido, puede verse realmente amenazada.

10/8/10

El camino del amor


Esa estúpida piedra llamada amor. No siempre es la misma, no. Porque la primera con la que tropezaste era pequeñita. Estaba muy en medio y como no la viste fuiste directa a ella. Pero la segunda es un pedrusco enorme. Que viste de lejos. Que te preparaste para esquivar. Y que al acercarte te diste cuenta de que ocupaba todo tu camino. Que no podías escapar. Y que del porrazo que te diste contra suelo te quedaste tonta y volviste a pensar que el amor era maravilloso.

Ese delicioso veneno que emana de sus besos y te emponzoña el corazón. Eso es el amor. Un veneno que hace de sus ojos unos soles, de su piel un paraíso, de sus labios un sueño. Un veneno que te contamina los sentidos. Te hace ver los días más azules y las noches más estrelladas. Hace que oigas sólo lo que quieres escuchar, que sientas felicidad y que vivas una ilusión.

Una triste ilusión de felicidad que hace que te engañes. Y que te odies. Te odias por pensar que es perfecta aún cuando conoces todos sus defectos. Te odias por ser tan ingenua de pensar que esa persona siente lo mismo por ti. Te odias por sentirte una inútil incapaz de pedirle que deje de hacerte daño. Te odias porque sabes que sólo quieres hacerla sonreír.

Pero acabas levantándote. Y el veneno desaparece de tus venas. Ahora te sientes gorda y más fea. También más lerda y que cojeas. Pero son sólo los efectos secundarios. Al final tu autoestima se repone y sigues tu camino. Y ya no hay piedras. Es todo una hermosa pradera de yerba fresca a tus pies. Y piensas, “joder, no me habré suicidado, ¿no?” Pero no, es sólo que ves las cosas de otra forma. Más fácil, más claro. Porque ahora eres más inteligente. Y andabas feliz cuando, ¡ZAS!* Esa piedra no la has visto por los estúpidos yerbajos.

*(ZAS = Zopenca Asquerosa Subnormal)

8/7/10

Los perros


A los memos de mis vecinos no les gustan los perros. Ni siquiera los míos, que son dos simpáticos chihuahuas que lo único que hacen es corretear e ir a saludar a todos los que ven. Pero bueno, para gustos… Aunque lo malo no es que a los memos de mis vecinos no les gusten los perros, si no que están educando a los especiales de sus hijos, de tres años, con miedo hacia ellos. Que cuando coinciden los memos, los especiales y los chihuahuas en la plaza, los memos espantan a patadas a los pobres animales y suben a los especiales encima de los bancos por si el perro se atreviera a olisquearlos.
Cuando yo contemplo esa escena experimento varias sensaciones. Primero me dan ganas de darles una patada en el culo a los memos de mis vecinos por atreverse a hacer daño a mis perros, después me dan ganas de seguir dándoles patadas por ser unos estúpidos ignorantes que no saben educar a los niños. Y después me da por reflexionar. Y esto es lo que pienso:

Comprobado que existen personas a las que no les gustan los perros me atrevo a afirmar que seguramente éstas nunca contaron con la compañía de un perro cuando eran pequeños. O quizá sí quisieron tener perros pero sus padres no se lo permitieron o les educaron con temor hacia ellos. Porque si no, de verdad que no entiendo a las personas que se comportan así.

¿Cuál es la diferencia entre un perro y un gato? Pues hay quien cree que los perros piensan: los humanos son benevolentes, me alimentan, me cuidan, asique deben de ser Dios. Mientras que los gatos pensarían: los humanos son benevolentes, me alimentan, me cuidan, asique debo de ser Dios.

Nada más lejos de la realidad esa frase dice mucho de los perros, ya que son seres muy agradecidos. Porque sólo por cuidarlos ellos te recompensan con su compañía, su incondicional amistad, su alegría cuando te ve, su protección si te ve en peligro o triste, su felicidad, dinamismo y ganas de jugar. Y aunque pienses que los padres, los hermanos o los amigos también pueden aportarte eso, te equivocas. Porque las personas pueden cabrearse y alejarse, mientras que el perro volverá cabizbajo, triste, y arrepentido te lamerá las manos tratando de pedir disculpas por aquello que haya hecho mal.

Porque sólo con ver la cara que ponen cuando les rascas por detrás de las orejas, o lo contentos que se están después de bañarlos, o cómo disfrutan con el césped, te das cuenta de que son más humanos que muchas personas. Y a veces, cuando les miras a los ojos y casi puedes adivinar lo que piensan, te das cuenta de que ni siquiera les falta hablar.

7/6/10

Los colores


Seré yo, que soy rara, porque los colores me gustan tanto que soy capaz de verlos hasta donde no los hay… Pero seguramente no soy la única…. Porque sé que hay quien lo ve todo negro, o quien ve la vida de color rosa, que hay a quien se pone verde, quien se queda en blanco, que hay príncipes azules, y personas grises. Y también sé que no hace falta explicar qué significado tiene cada uno de esos colores.

Y esto no hace sino denotar la gran importancia que tienen los colores en las personas. No solo desde el punto de vista de la propia vista, porque ver es una condición indispensable para disfrutar de los colores, si no desde una perspectiva emocional.

Porque el cromatismo representa la diversidad, lo alegre, y lo vivo. Allí donde no hay color es un lugar frío y apagado. Curiosamente insípido. Porque los colores condicionan, transmiten, comunican, nos identifican y nos ayuda a conocernos.

Y repito otra vez que soy especialmente en rara en esto, porque me fascinan tanto que veo a las personas de colores. Para mí, conocer a una persona es verla de un color, o de la combinación entre unos cuantos. Es verla más allá de lo físico. Ver lo que no se ve pero está ahí. El aura ese que dicen. Ese que en mí es verde pistacho y violeta. Con un poco de gris. Sí, porque soy rara, pasota pero nerviosa, sentimental y un poco melancólica y solitaria. Entre otras muchas cosas.

Pero qué soy yo, un bicho verde, comparada con un príncipe azul. O sin el príncipe, pero azul. Alguien con un gran temple, amable, inteligente, en quien se puede confiar. Pero eso sí, un poco frío y distante, que de celeste puede pasar a azul oscuro casi negro.

Y no hay que confiarse porque si lo que quieres es un sol de persona, hay que alejarse precisamente de los amarillos. Que son alegres sí, pero calculadores, estresantes, egoístas y presumidos. Como los rojos, tan absolutamente sensibles y sentimentales que son impulsivos y hasta agresivos.

Hay quien podría pensar que el blanco es la mejor personalidad, que es sinónimo de paz, pureza, y pulcritud. Pero lo es tanto que le falta algo. Y ese algo es precisamente personalidad, están un poco vacíos. Y sin embargo el negro, que se relaciona con lo oscuro, el dolor, lo triste, la desesperación, es además, un color fuerte, misterioso y con mucho estilo.

Pero hay tantísimos colores, y combinaciones… tanto que apreciar y observar sin ver, que se hace imposible describir lo que todos juntos representan. Que hasta la música se puede ver si se asocia con colores…

31/5/10

¿Por qué el horóscopo siempre parece que tenga razón?


Penny – Soy Sagitario, que probablemente diga de mí mucho más de lo que necesitáis saber.

Sheldon – Sí, nos dice que participas en el delirio cultural en masa de que la aparente posición relativa del sol, los planetas y constelaciones arbitrariamente definidas a la hora de tu nacimiento de algún modo afecta tu personalidad.

Mítica frase de Sheldon Cooper, personaje de la serie The Big Bang Theory. Y es que, como todo el mundo sabe, Sheldon es una persona muy inteligente. Y esta vez no iba a ser menos, y no se ha equivocado. Lo de los horóscopos es una tontería. ¿Pero no es cierto que muchas veces parece que lo que nos dice lleva razón?

Mi horóscopo para hoy de dos periódicos diferentes citan:

- No debe preocuparse tanto porque los asuntos no progresen como quisiera. En cambio, tiene la oportunidad de allanar y preparar el camino.

- La familia le va a tener preocupado y bastante pendiente de ella. No es una buena ocasión para derrochar su dinero. Laboralmente, tendrá que tomar decisiones trascendentales. Yoga para mejorar cuerpo y mente.

Y claro, después de leer eso nos damos cuenta de porqué parece que acierten. ¡Si es que no se podría decir menos con tantas palabras! ¿Qué significa que tengo la oportunidad de allanar y preparar el camino? ¿Qué tengo que estudiar ingeniería de caminos? ¿Qué tengo que salir a pasear? ¿O que cómo no soy capaz de descifrar es que me espera un oscuro futuro? Con una predicción tan abierta las posibilidades de que en algún aspecto se parezca a mi vida son bastantes. Porque, ¿cómo no me voy a preocupar si las cosas no me salen como quiero? Es lógico, porque si no, ¿qué estoy haciendo con mi vida? Bueno, menos mal que me ha dicho que no me preocupe demasiado, porque che, ha sido recordarme que las cosas no me salen como quiero y ya me he preocupado.

Bueno y bueno, y el que haya hecho la otra predicción se merece que le tiren una bola de cristal a la cabeza. La familia. La familia es un tema muy recurrente sí, porque siempre está ahí y todos tenemos familia. Y entonces claro, suponer que todos van a estar como unas rosas es un poco difícil, así que ya me ha preocupado. Pero si la primera predicción ya era una tontería, esta lo es todavía más, porque deducir que en tiempos de crisis no hay que derrochar el dinero es algo que a mí jamás se me habría ocurrido. Menos mal que como me dice que laboralmente tengo que tomar decisiones, es porque al menos tengo trabajo. Y por último, yoga. Pero, ¿no me ha dicho antes que no derroche el dinero? ¿Por qué me dice eso si con salir a correr un poco todos los días también mejoro el cuerpo y la mente?...

Pero bueno, el horóscopo no sólo se refiere a las predicciones, sino también a los rasgos característicos de las personalidades. Hace poco leí un libro sobre eso y me enteré básicamente que, al ser Libra, soy una persona tímida e indecisa, y que mi “compañero ideal” es un Aries o un Sagitario. Y yo me pregunto, ¿si soy tan indecisa cómo voy a elegir entre uno de los dos? Deberían haberme puesto sólo una opción che. Y lo peor no es eso, es que resulta que yo no soy la mejor opción para ninguno de esos dos. Entonces, ¿si soy tímida cómo voy a conseguir a cualquiera de estos? Lo cierto es que ha ese ha sido el libro más deprimente que he leído.

4/5/10

La muerte


Es el fin y la culminación de la vida. El maravilloso final que como síntoma inequívoco confirma que se ha vivido. Algo que solo les ocurre a los demás. Algo que siempre y sólo, sufren los demás…los ataúdes con frecuencia, entierran más de un corazón. La muerte no es más que una carga para los vivos. Más dura de asumir que de padecer. Que se teme en la medida que se aprecia la vida… se vive en la medida que se teme a la muerte. Es el único remedio para todos los males. Es el yang de la vida sobre el que giran las religiones. Cobardes que inventan paraísos de vida eterna, llenos de ignorantes que sufren un miedo constante. La muerte puede ser una sorpresa, un regalo tal y como lo es la vida. La vida sólo es una sucesión de ocasiones para sobrevivir a la muerte. La muerte es el arte del dramatismo. A la que se asocia todo lo malo de la vida. Siendo la muerte necesaria para querer vivir, porque hay quien empieza a morir nada más nacer.

20/1/10

Divagaciones de una pesimista

Retomando los cauces originales de los propósitos de este blog y mis ganas poco renovadas de seguir escribiendo sobre lo poco que se me pasa por la cabeza, voy a continuar criticando.


Pero esta vez a mí misma. Porque lo que más odio en este mundo es la hipocresía, y he acabado siendo una hipócrita.

Porque odio a la gente que escribe sobre sí misma como si fueran lo más importante del mundo, o como si todos los demás estuviéramos deseosos de saber sobre ellos. A esas personas no demasiado aceptadas socialmente que se sienten marginados y diferentes y que por eso les da por pensar y divagar y finalmente, y eso es lo peor, plasmarlo por escrito en internet.

Odio esos dolores de cabeza que la gente transmite, esos quebraderos que no nos importan lo más mínimo pero que aun así, acabamos leyendo para no sentirnos tan desdichados y poder reconfortarnos con la desgracia de los demás.

Y es que se ha puesto de moda, en esta vulgar e inculta sociedad, expresar esos sentimientos de inaceptación e inadaptación. Estúpidos y más estúpidos individuos que sospecho que se encontraran en esa feliz etapa de la vida que va desde los 15 hasta los 21 años, esa etapa en la que uno se conoce a sí mismo a base de desengaños y frustraciones, y que por consecuencia, andan previniendo al resto de personas sobre sus ralladuras mentales.

Pues ahora me toca a mí.

Creo que la suerte es de quien se la merece, que cada uno recoge lo que siembra. Pero la vida aun así es injusta. Y supongo que será porque no hacemos más que pagar lo que hicimos en otras vidas. Por eso ahora me pregunto que debí hacer en el pasado para tener tan mala o tan buena suerte. Porque soy desdichada hasta para saber si tengo buena o mala suerte.

Y hay que darse cuenta de lo vanidosos que somos. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor y darnos cuenta de lo que te tenemos y no apreciamos. Lo damos por hecho. Como si fuera así por ley, pero no lo es. Y muchos tenemos más de lo que merecemos.

Pero cuando nos lo dan todo hecho y nos sobra el tiempo y las ganas ocurre que pensamos. Mientras unos mueren de hambre otros mueren de codicia, mientras unos mueren de enfermedades físicas otros mueren de enfermedades mentales surgidas de tanto pensar.

Y mientras que se supone que hemos nacido con suerte estaba claro que no la merecemos, por eso ahora nos toca odiarnos a nosotros mismos, no gustarnos, querer cambiarnos. Tener una vida superficial y vanidosa sin apreciarla. Sin vivirla.

Pensamos que la vida nos debe algo, que algún día nos llegará nuestro momento. La gente cree haber nacido con un talento, convencidos de que han nacido para cumplir una misión. Creemos que somos especiales y que algún día la humanidad nos lo reconocerá.

Sin embargo, según vamos creciendo cometemos el error de conocernos. Nos damos cuenta de solo estamos aquí para tomar parte de ese proceso de producción en cadena que acaba en nuestra muerte. Y es que no somos nada.

28/12/09

Despropósitos de año nuevo

Como todos los años, una gran cantidad felices ilusos creen que el comienzo de un año supone el mejor momento para empezar una vida nueva. Que se presenta ante ellos una oportunidad para cambiar de vida.

Al margen de los inexistentes motivos por los cuales esas personas piensan que el comienzo de un año es el mejor momento para cambiar, y no cualquier otro de los 365 días del año restante, dichos especímenes, cargados de un estúpido atisbo de esperanza y lucidez, creen que son capaces de sacar a delante una cantidad seguramente no inferior a cinco propósitos.

Los típicos tópicos que forman esta costumbre anual (véase: dejar de fumar, no beber tanto, hacer deporte, comer más fruta y verdura, levantarse temprano, ver menos la tele, leer más, estudiar más, pasar más tiempo con la familia, ser menos borde y más alegre, etc.) se consagran formando parte de una gran lista que ocupa un lugar privilegiado en el cuarto o el despacho de susodicho elaborador, en el centro de todas sus miradas, o en su defecto, formando parte de un minúsculo y arrugado trozo de papel cuyo autor cuidará de llevar siempre encima para poder ojearla cuando desee.

Entonces llega el día 1 de Enero, ese que habían señalado en el calendario como el día en que nacería una persona con buenas costumbres, una persona que se levantaría temprano, desayunaría fruta, buscaría un libro interesante que leer y se iría a pasar la mañana con sus abuelos. Pero lo que nuestro feliz iluso no tuvo en cuenta es que ese mismo día estuvo celebrando Noche Vieja hasta las 6 de la mañana, aprovechando que el año de las malas costumbres terminaba acabándolo lo peor posible. Así pues, con un sueño insoportable nuestro ejemplar ejemplo apaga el despertador. La resaca nacida de pasar de las uvas y el champan a las cervezas y cubatas, hace retumbar en su cabeza la idea de levantarse, pero aun así, haciendo gala de una voluntad inesperada, se levanta con el objetivo en mente de desayunar. Sabiéndose despreocupado se percata de que no acostumbra a tener fruta en su casa y no tuvo en cuenta además, comprar para ese señalado día. Por tanto, y como un propósito tendrá que aguardar hasta mañana, ¿porqué no pueden ser dos?, porque a nuestro amigo le apetece mucho muchísimo un cigarro. Entonces se dirige a una olvidada y polvorienta estantería donde algunos libros y sobre todo revistas y más revistas de los más mundanos contenidos, se almacenan en un clamoroso ejemplo de entropía. El sueño, el cansancio, la resaca, y el haberse olvidado de ponerse las gafas le impiden leer los títulos de los volúmenes, lo que hace que dicha tarea quede postergada a un momento de mayor lucidez. El siguiente paso consistía en ver a los abuelos por lo que trata de arreglarse un poco. En el espejo observa la mirada de una persona desecha, ojerosa, desaliñada y pálida, pero creyéndose capaz de contemplar aún más decadencia humana comienza la infructuosa búsqueda de las llaves del coche que esa misma noche había arrojado en plena oscuridad. Así pues otro propósito más que se va al garete el primer día del año.

Los siguientes días, más lúcidos, si es posible observar en nuestro sujeto una auténtica voluntad y deseos de alcanzar sus objetivos y metas, pero conforme van pasando los meses se va olvidando de estos ya que en su camino se cruza la pereza. Y de ahí viene la angustia de saberse un pusilánime incapaz de cumplir con sus metas, luego la depresión, y ya cuando se empieza a sentir totalmente incapaz, se da cuenta de que es noviembre, y comienza otra vez a pensar en los propósitos de año nuevo.

Y como todos los años, esos estúpidos ilusos no se dan cuenta que si quieres cambiar, en efecto, no tienes más que proponértelo. Pero si te propones muchas cosas a la vez lo más probable es que no puedas con ellas. Para tener éxito es más productivo proponerse sólo una, y después otra, y así.

19/12/09

Prohibido


Bien es sabido, pero realmente es poco conocido, que prohibir algo es despertar el deseo.

Aquellas cosas que se nos prohíben se vuelven tentadoras. ¿Porqué? Hay quien afirma que disminuye el deseo sobre todas las cosas cuando resulta demasiado fácil conseguirlas. Esto es porque el deseo muere automáticamente cuando se logra lo que se desea. Lo que nos atraía de ese algo es que era utópico, imposible, un reto, un estímulo.

Pero lo que hace que nos resulte tentador es que cuando algo se nos prohíbe nace en nosotros la creencia de que se hace para privarnos de algo. Las personas son seres curiosos por naturaleza, (la curiosidad es muy importante para el desarrollo cognitivo) y por ello han de conocer las razones por las que algo se veda.

Y las razones que nos llevan a hacer algo que sabemos que no debemos hacer, pueden ser debidas al deseo de destacar, de ser el centro de atención al ser rebelde e ir en contra de lo establecido. También resulta un estímulo hacer cosas prohibidas porque las que no lo están son las que hacemos constantemente, y a veces, salir de la rutina reconforta.

La ciencia por lo visto no se ha dedicado a investigar excesivamente sobre este asunto, porque claro, me dijeron que no fumara, y acabé fumando; me dijeron que no bebiera, y más de lo mismo; me atraía el novio de una amiga, y la acabé jodiendo; etc.

La moraleja de esto, si es que la tiene, es que se debería permitir todo, y se deberían eliminar los tabúes, sin que nada estuviera mal visto; entonces no existiría la tentación de probar cosas por el mero hecho de que están a nuestro alcance, actuaríamos con plena libertad y las únicas limitaciones que nos impondríamos nacerían de nuestra propia lógica y razón, lo cual nos haría más inteligentes.

3/12/09

Autocensura


No penséis queridos lectores que yo soy una persona refinada a la que le gusta hablar (escribir, expresarse) de una forma elaborada, con un cuidado por el léxico, la gramática y el estilo muy preciso. No. Bueno sí, un poco. Me gusta escribir bien en la medida de mis capacidades, y además, pretendo hacerlo, porque algún día me gustaría ganarme la vida con lo que escribo.

Pero no por ello debéis pensar que hay veces, y en especial al tratar algunos temas de los que escribo en este sitio, en las que no me dan ganas de usar expresiones poco apropiadas, como las que me estoy conteniendo de ejemplificar ahora mismo porque no quiero mostrar una imagen de grosería y vulgaridad. Pero hay veces en las que esas palabras se pasean de mi mente a mis dedos desando salir. Y yo no las dejo. Y esa es la censura más dura a la que puede someterse una persona, a la suya propia. Y es algo que muy poca gente valora y respeta.

Pero la censura que me auto impongo tampoco es tan grave. Al menos si la comparamos con la de otras personas. Aquellas que se niegan a sí mismas lo que son, por miedo a lo que sea.

Y aunque yo respeto y valoro la censura que se auto imponga la gente (la única que respeto), considero que una persona que se niega lo que es, que tiene miedo de decir lo que es, o que no está conforme con lo que es, es una persona sin personalidad.

29/11/09

Pecados capitales


Semos uns pecaores amijos mios. (Eso ha sido una herejía, no un pecado). Los siete pecados capitales los cometemos todos, y seguramente varias veces al día. Y lo peor es que estos pecados suponen la condenación eterna. Pero bueno, para eso ya pensó la Iglesia en algo y creó también las siete virtudes que se contraponen a los pecados.

1. La Lujuria, que es el pecado producido por los pensamientos excesivos de naturaleza sexual, se contrarresta con la Castidad. Es decir: “Pero vamos, no me jodas!!!, ¿en serio?... pffffffff…. no eh?, yo prefiero pasarme la eternidad en el infierno… lo malo es que hasta ahí hay curas..”

2. La Gula, que se identifica con la glotonería, el consumo excesivo de comida y bebida de manera irracional o innecesaria, (de manera que las borracheras son un pecado muy grave), se contrapone a la Templanza,- la voluntad sobre los instintos-. Es decir: “¿Qué queee? Ahhh eso si que no! Pero si hasta los curas beben todos los domingos!!”

3. La Avaricia es el pecado que se refiere al exceso en la adquisición de riquezas, opuesto a la Caridad. “Claaaaro, y por eso la iglesia dice que seamos caritativos… para poder comprarse vino!”

4. La Pereza, la madre de todos los vicios es opuesta a la Diligencia, pues significa el cuidado y el esmero en la ejecución de algo. “Toma esa!! Y tan a gusto que se quedaron. Claro, ellos predican con el ejemplo. Para lo poco que hacen, faltaría que lo hicieran mal!!”

5. La Ira, el sentimiento no ordenado, ni controlado, de odio y enojo, impaciencia y deseo de venganza, es lo contrario a la Paciencia. “Jajajajajaja…. perdona que me ria.. pues menos mal que ahora son todos unos perezosos, porque antes paciencia tenían poca, que si a matar brujas, a matar sodomitas, a matar moros…!!”

6. La Envidia, el deseo de algo que alguien tiene, y que se cree que a uno le hace falta, es lo opuesto a la Empatía. “ Ehhhh… ahora lo entiendo!! Por eso tanto mandamiento, tanto pecado y tanta tontería!! Nos tienen envidia y quieren que nosotros también nos fastidiemos!”

7. La Soberbia, el considerado el original y más serio de los pecados capitales es identificado como el deseo por ser más importante o atractivo que los demás. Lo contrario a la Humildad. “uffff, ya ya. Por eso solo hay que ver cómo va vestido el papa y todos esos.. ahí a ver quien lleva más cadenas de oro y más togas de colores… serán chulos!!!”

20/11/09

En el país de las maravillas


En un hermoso prado con flores, arroyos, gigantescos árboles ancestrales y pajarillos piando alegremente, estaba yo aquella tarde tarareando una canción. Aquel lugar podría ser perfectamente un paraíso, y mi vida tampoco podría ser mejor. Tenía todo el tiempo del mundo para hacer lo que quisiera. El problema es que en este mundo no se podían hacer muchas cosas.

-Si yo hiciera mi mundo todo sería un disparate, porque lo que es no sería, y lo que no podría ser sí sería, ¿entiendes?- Le pregunté a mi chihuahua.

El pobre animal, ya cansado de corretear cual perrito de la pradera, me miraba con sus ojos de plato y su lengua colgante como si me quisiera contestar: Tengo hambre.

Por lo que seguí vagando por mi cabeza imaginando aventuras y diversiones. Pero de repente mi estúpido perro hizo algo por primera vez en su vida. Ladró. Y después se escondió en la cesta de la merienda. Entonces yo, anonadada por tal hecho insólito me decidí a encontrar la causa de dicho arrebato.

Y entonces lo vi. Bajo la sombra de un fresno un conejo blanco muy bien vestido y con gafas, miraba su reloj.

-Dios mío que tarde es. No llego. Tengo que darme prisa.- Exclamó claramente alterado antes de salir corriendo.

Yo, como estaba atontada de tanto polen de tanta florecilla y tantos cuentos cursis que me contaba mi hermano, no me paré a pensar cómo era posible que un conejo hablara, si no que sentí curiosidad por saber a qué no llegaba el conejo. Y salí tras él.
Le grité para que se parara pero no me hizo caso y finalmente se metió en una madriguera. Asique yo, en mi condición de niña tonta, me metí también. Y caí.

Al principio mientras caía, como estaba muy oscuro, temí darme un buen porrazo contra el suelo. Pero después, como seguía cayendo y ya estaba cansada, me senté en una mercedora. Empezaron a aparecer pequeñas luces que me permitieron visualizar el túnel de tierra por el caía. Era realmente acogedor, hasta que me escurrí de la mercedora y caí, ya por fin, en el fondo de la madriguera.

El conejo blanco se dirigía hacia una pequeña puerta que cruzó sin problemas. Pero al llegar yo a ella y como soy rubia, tuve que esperar a que alguien me dijera lo que tenía que hacer.

Finalmente el pomo de la puerta me habló. Me dijo que bebiera de un pequeño frasco que tenía detrás de mí. Asique eso hice. Y entonces noté algo extraño. Siempre había tenido complejo porque era muy bajita, pero desde que tomé ese trago, nunca más me he sentido así. Porque claro, el complejo de tapón que tendría que tener siendo igual de alta que un dedal es demasiado grande como para que me cupiera.

Me hice diminuta. Era incapaz de alcanzar el pomo de la puerta. Me quedaría allí atrapada. Hasta que apareció otro frasco del cual también bebí y me hice del tamaño de una casa. Y como soy una mimada niña caprichosa, por no tener lo que quiero me puse a llorar. Mis enormes lágrimas pronto hicieron de aquel lugar un océano. Y como el pomo de la puerta se ahogaba tuvo que abrirse.

Así pues, crucé la puerta y un gran mundo apareció ante mí. Me dispuse a continuar siguiendo el conejo. Y me perdí.

En mi camino se cruzaron muchos personajes. De todos ellos, el conejo blanco era el único que parecía tener verdaderas responsabilidades. Los otros, como las señoras flores cantarinas, que se burlaron de mi ropa, o la oruga fumadora, que la muy colgada no hacía otra cosa que fumar, o el sombrerero que celebra los días de tu “no cumpleaños”, vivían de ensueño. Haciendo todo el día lo que querían sin preocuparse por nada más. El único que me desconcertó fue el gato de Cheshire. Aparecía y desaparecía a su antojo, me señalaba varias direcciones para un solo destino y tenía una malévola sonrisa. Era el único ser interesante que encontré. Gracias a él fui a parar ante la Reina de corazones. La muy impulsiva dominanta sabelotodo y malvada reina quería cortarme la cabeza. Básicamente ese era su pasatiempo favorito. En su reino no había duelos cabeza vs. Corazón. Solo corazones sin cabeza o cabezas sin corazón.

Por suerte, y no sé muy bien cómo, salí de mi mundo. Aunque pueda que me haya dejado algo en él.

...puede que ya haya perdido la cabeza.

1/11/09

Pesadillas


No. Aquí no voy a analizar mis sueños de forma freudiana. Solo voy a intentar explicar el por qué de las pesadillas.

Últimamente no paro de sonreír. Estando sola o en compañía de alguien se dibuja tontamente una sonrisa en mi cara. Y ahora que me he parado a preguntarme por qué solo encuentro una respuesta: soy feliz.

Pero me pasa algo que hace ya tiempo que tengo proscrito. No quiero irme a dormir porque sé que voy a tener pesadillas.

Generalmente las pesadillas son producidas por el estrés o por traumas. Pero yo no pienso así. Las pesadillas son sueños aterrorizantes en los que afloran nuestros peores miedos y parecen tomar vida con detalles convincentes. Y por eso es ahora, cuando tengo lo que quiero, cuando aparece el miedo a perderlo.

Las pesadillas son una buena señal. Ellas te dicen que en la realidad todo va bien. Antes era despierta cuando vivía con presión, con la agonía de perder lo que tenía. Mi realidad era mi pesadilla. Ahora que me siento liberada y no tengo nada que perder es mi subconsciente el que me dice que tengo miedo de perder mi realidad.
Y será ININTELIGLIBLE lo que estoy diciendo, porque no sé explicarme, pero por lo menos para mí es cierto.

En las pesadillas ocurren cosas que no te gustan, que te atemorizan. Si aparecen es porque estás bien con lo que tienes. Al contrario que en los sueños, que te dicen lo que anhelas, lo que no tienes.

26/10/09

Intentando expresar


La necesidad de escribir me agota. Me siento delante de las teclas del ordenador y las palabras dispersas por mi cerebro me saturan gritando que quieren salir. Pero no sé cómo explicarles que yo no se lo prohíbo. A veces incluso entreabro la boca y susurro esas palabras para ponerlo fácil. Pero a la vez que salen vuelven a entrar por mis oídos sin ni siquiera darme cuenta. No sé cómo librarme de ellas, yo quiero sacarlas pero ellas no quieren salir.

Puede que sea porque no son palabras. Son sentimientos o imagines. Es miedo, alegría y ambición. Demasiado contenido para explicarlo con palabras. Del mismo modo que prefiero que estén dentro de mí, me gustaría dejarlos por escrito para poder recordarlos.

Algo tiene que salir y ser expresado. Asi que siguiendo el hilo de mis pensamientos, removiendo en mis recuerdos he encontrado un breve instante que me ha hecho sonreír incontables veces. Y no sé cuantos años hará de eso, pero merece la pena intentar contar lo bonito que fue.

Mientras abrazaba a un buen amigo le besé. Él me devolvió el beso sin ningún tipo de reproche. Cuando fui consciente de lo que había hecho le pedí perdón; pero él no me perdonó porque sabía que yo no lo sentía.

Pocas veces me he sentido tan comprendida y tan desprotegida.

20/8/09

Estereotipos


No vivimos en un mundo libre. No quiero decir con ello que estemos sometidos por alguien en particular, ya que ese alguien somos nosotros mismos, pero hay personas que controlan nuestra forma de pensar.

Los estereotipos son imágenes asimiladas por el individuo, simplificadas e incluso caricaturizadas de alguna realidad social. Generalizan a cerca de géneros, comportamientos y formas de vida, fijando ideas de lo que es “típico” para un determinado grupo de personas. Funcionan de la misma manera que los prejuicios. Se discrimina aquello que no es deseable.

Los principales estereotipos los crea la publicidad. Las grandes empresas, que nos martirizan con publicidad en todos los medios de comunicación, en la calle, en tu casa, y hasta en ti mismo, trabajan con expertos mercadólogos, psicólogos, sociólogos, antropólogos y algunos más para reflejar en cada anuncio aquello que anhelamos, deseamos o creemos necesitar.

La mujer ideal es concebida como ser siempre feliz, espontánea, inteligente, respetable, deseable, e influyente. No contradice lo que les dicen, es complaciente y servicial y físicamente es perfecta, delgada, atlética, esbelta, con facciones delgadas y delicadas.

Por muy independiente o inmutable que te creas, en algo siempre querrás parecerte a una mujer de esas y si no eres así tienes por tanto la necesidad de comprar algo o de hacer algo para serlo.

También están los estereotipos sociales.
Esto es, si tienes entre 16 y 21 años lo que tienes que hacer todos los sábados es salir e ir a un botellón. Si no lo haces no formarás parte del estereotipo de joven, y ya eres raro.

Con todo ello es difícil querer algo o que te guste algo sin tener que preguntarte si es apropiado para ti, o qué pensarán los demás, si vas a ser considerado inferior por tus gustos o tu apariencia. Pero lo peor es tener que cambiar algo que te guste de ti mismo para complacer a otras personas.

15/8/09

Infeliz

 “Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa más rara que he visto” Ernest Hemingway.


Los índices de suicidio, de encarcelamiento y de problemas emocionales son mucho más altos entre las personas de gran inteligencia que entre los que se engloban dentro de la media. Muchos son social, laboral y emocionalmente un completo desastre.

En el libro ‘Inteligencia Emocional’ de Daniel Goleman se dan razones que explican por qué las personas inteligentes son infelices.

Él entiende a que es debido a que en el mundo occidental, donde el principal interés es la acumulación de riqueza, se promueve la imagen de héroes de película, de guerra y del deporte, pero no del desarrollo intelectual.
Dice que a los niños inteligentes se les excluye de los ámbitos sociales porque son “raros”. Su desarrollo emocional queda pues atrasado al no enfrentarse en su vida a situaciones y experiencias típicas del resto de personas, como el trato con amigos, las relaciones de pareja, discusiones, alegrías, etc. Como resultado hay un gran número de personas inteligentes, pero cuyo desarrollo social ha progresado mucho más despacio que el del resto de personas, y que por ende tienen serios problemas al intentar hacer frente a algunas situaciones estresantes de la vida.

Es decir, las personas inteligentes son unos marginados y excluidos socialmente, por lo que no llegan a ser feliz.

Finalmente también habla sobre otro de los problemas para alcanzar la felicidad que tienen las personas inteligentes es que suelen percibir y reflexionar con mayor intensidad sobre las tragedias y tristezas del mundo en el que viven. Son más conscientes de las desgracias que les rodean, de las injusticias, y de sus propias miserias y carencias.

También hay que tener en cuenta que hay distintos grados de inteligencia. Para algunos ser inteligente es tener la capacidad mental, y el saber usarla, para disfrutar con lo que sea que se te cruce en la vida.


Yo soy suficientemente inteligente como para ser infeliz, pero lo suficientemente tonta como para considerarme inteligente, del mismo modo, considero que ser feliz consiste valorar todo lo que tienes y disfrutarlo, pero también sé que las injusticias y las desgracias con las que vivo no me dejan hacerlo.

Por eso yo soy algo extraño, soy tristemente feliz.